De píxeles a la pantalla: la amenaza zombi se reinventa y la audiencia argentina la celebra
The Last of Us, The Walking Dead e iZombie comparten un mismo motor narrativo —la convivencia con lo muertos vivientes— pero lo llevan a terrenos bien distintos. Recorrido por tres ficciones que prueban que el género zombi todavía tiene mucho para dar.
La otra noche, en la sala de espera del cine, una señora de unos cincuenta y tantos le contaba al señor que tenía al lado que había empezado a ver The Last of Us por recomendación de su hijo y que no podía parar. "Yo no juego a esas cosas, ¿eh? —le decía, mientras acomodaba el bolso—. Pero esto es otra cosa, te atrapa". Esa escena, que parece menor, me terminó de confirmar algo que vengo pensando desde que la serie de HBO desembarcó en las plataformas: la conversación sobre los muertos vivientes ya no es patrimonio exclusivo de los fans del terror, ni de los idos del comic, ni de los gamers. Es un tema que atraviesa a públicos cada vez más amplios, y que en la Argentina se discute en la mesa familiar tanto como en los foros de internet.
The Last of Us, creada por Neil Druckmann y Craig Mazin a partir de los videojuegos del propio Druckmann, llegó a la televisión con Pedro Pascal y Bella Ramsey al frente de un reparto que sostiene una premisa potente: en un mundo devastado por una infección fúngica, los infectados no son los clásicos zombis de la tradición, sino personas atravesadas por un hongo que las convierte en algo nuevo y, por eso mismo, más perturbador. La serie no se queda en el horror del contagio: pone el foco en lo que sobrevive, en las decisiones que toman quienes quedaron en pie, en la ética de proteger al otro cuando el otro puede ser una amenaza.
Tres variantes de un mismo apocalipsis
Lo interesante es que The Last of Us no está sola. Comparte estantería con otras ficciones que, desde distintos ángulos, vuelven sobre la pregunta de qué hacemos cuando el mundo se viene abajo. Una de ellas es The Walking Dead, la serie que Frank Darabont arrancó hace ya más de una década adaptando el cómic de Robert Kirkman y que durante años fue referencia ineludible del género. Con Andrew Lincoln, Norman Reedus, Melissa Suzanne McBride, Lauren Cohan, Danai Gurira y Steven Yeun entre sus nombres más reconocibles, la propuesta dejó claro algo que hoy parece una verdad de perogrullo: en un apocalipsis zombi, el enemigo más peligroso muchas veces no es el muerto viviente, sino el vivo que tiene miedo.
Esa línea, que hundía sus raíces en el cine de George A. Romero, encontró en la pantalla chica un formato ideal para explayarse: la serie se expandió, tuvo derivados, construyó un universo. Y lo que empezó como un cómic de horror se transformó en una de las franquicias más longevas de la televisión contemporánea.
- The Last of Us: infección fúngica, el enemigo está dentro del cuerpo y cambia a quien toca. La amenaza biológica se mezcla con la pregunta ética sobre cómo se cuida al otro en un mundo que ya no funciona.
- The Walking Dead: muertos vivientes clásicos, pero el verdadero conflicto pasa por las decisiones humanas. El horror es tanto externo como interno, y la serie construyó toda una saga alrededor de comunidades que se organizan —o se despedazan— para sobrevivir.
- iZombie: una protagonista que, tras convertirse en zombi, come cerebros de víctimas de asesinatos y, por la vía del gusto, accede a memorias y claves que ayudan a resolver crímenes. La serie mezcla el género con un policial liviano y algo de humor.
Esa tercera vía es la que propone iZombie, la creación de Rob Thomas que puso a Rose McIver, Malcolm Goodwin y Rahul Kohli al frente de una historia donde el muerto viviente no es el apocalipsis, sino el vehículo para un relato de misterios. La protagonista come cerebros de víctimas de asesinatos y otras tragedias, y a partir de ahí se disparan los casos. El tono es más liviano, el ritmo más cercano al procedural, y el género se permite respirar entre el horror y la comedia. Para quien quiera una puerta de entrada menos solemne al universo zombi, suele ser la opción más amable.
Por qué el género sigue vivo
Lo que estas tres ficciones confirman, vistas en conjunto, es que el zombi es un contenedor narrativo notablemente elástico. Puede sostener una adaptación de un videojuego con todas las reglas del prestige television, como hace The Last of Us; puede expandirse durante años en una épica coral de comunidades al borde del colapso, como logra The Walking Dead; o puede livianizarse hasta convertirse en un vehículo para resolver crímenes con un pie en el humor, como ofrece iZombie. En los tres casos, el muerto viviente funciona como espejo de lo que nos pasa como sociedad: el miedo al otro, la fragilidad de los lazos, la pregunta por cuánto de humano queda cuando las reglas se desmoronan.
A la salida del cine, la señora de la sala de espera todavía seguía hablando con su acompañante. "Mirá, yo no entiendo mucho de estas series —le dijo, ya en la puerta, mientras buscaba las llaves—, pero te digo algo: si me llegan a hacer una segunda parte, la veo". Y se fue riendo, con el bolso en un brazo y el paraguas en el otro, bajo la llovizna fina de Buenos Aires. A veces, una frase así dice más sobre el estado de un género que cualquier crítica especializada.
