Curazao, más allá del Caribe soñado: playas, Willemstad y buggy por caminos de piedra
La isla holandesa suma 35 calas, una capital declarada Patrimonio de la Humanidad, una travesía en todoterreno de cuatro horas y vuelos directos desde Buenos Aires a partir de enero de 2027.
Te lo digo de arranque, con el mapa en la mano y el mate todavía tibia: Curazao me sorprendió mucho más de lo que esperaba. Yo imaginaba una postal genérica de mar turquesa y me encontré con una isla que mezcla playas escondidas entre acantilados, una capital con casas de colores que parecen sacadas de un cuento holandés y unos caminos de tierra donde el polvo te entra hasta por los oídos cuando vas en un UTV. La recorrí pensando en quienes, como yo, viajan buscando algo más que un buen snorkeling: quieren paisaje, historia y una mesa servida con sabor local.
Willemstad, una capital que se cruza en ferri gratuito
Lo primero que hay que tener claro es que Willemstad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y se nota. Sus fachadas coloniales, pintadas en amarillo, azul, rosa y verde, miran hacia la bahía de Santa Ana como si todavía estuvieran en los tiempos de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. Para cruzarla no hace falta gastar en taxi ni en auto: hay un ferri gratuito que atraviesa la bahía en pocos minutos, justo al lado del puente Reina Juliana. Es un detalle chico que cambia la logística de cualquier visita a la ciudad.
- Mercado Flotante sobre la bahía: frutas y verduras que llegan desde Venezuela, ideal para una parada corta y fotográfica.
- Plasa Bieu: puestos que cocinan en el momento platos típicos por pocos dólares, con picante presente en muchas preparaciones.
- Restaurantes y cafés al aire libre sobre los muelles, perfectos para una sobremesa mirando el agua.
- Murales y arquitectura holandesa repartidos por el centro histórico, que se recorren caminando en una mañana.
Las playas: calas, acantilados y snorkel desde la orilla
La isla asegura más de 35 playas y la mayoría comparte un mismo ADN: caletas pequeñas, protegidas por acantilados de piedra y con un agua tan clara que se ven los peces desde la arena. Conviene saber que hay sectores públicos y gratuitos, y otros que pertenecen a hoteles. Para quienes quieran fauna marina, en varias costas se puede meter la cabeza con snorkel sin alejarse demasiado de la orilla. La cocina local, dicho sea de paso, se apoya en pescados, mariscos y carnes de res y cerdo, con el picante como denominador común.
La excursión en UTV por la costa oeste
Si hay algo que recomiendo sin dudarlo es la salida de cuatro horas que ofrece Curacao Tours en vehículos UTV por la costa oeste. Cuesta 240 dólares por persona, se puede conducir o ir como acompañante, y siempre se rueda detrás de un guía por rutas y senderos agrestes. El itinerario tiene dos paradas fuertes: la Cueva de las Brujas, donde se ven estalactitas, estalagmitas, murciélagos y pequeños cangrejos protegidos a los que no se debe pisar, y Kleine Knip, una cala con reposeras, sombrillas y una barbacoa incluida antes del regreso.
“Esa parte de la isla no parece Caribe, parece otro país. Vas con las ventanillas abiertas, polvo en la cara, y en veinte minutos pasás de la costa a un paisaje que se parece más al norte argentino.”Yolanda, guía local de Curacao Tours
Cómo llegar desde la Argentina
Para los que viven en Buenos Aires o cerca, la noticia fuerte es que Aerolíneas Argentinas anunció el inicio de la ruta a Curazao el 2 de enero de 2027, con cuatro frecuencias semanales, dos de ellas directas. Es una buena razón para empezar a armar el itinerario con tiempo, sobre todo porque la oferta cultural también tiene su peso: tradiciones de raíz africana como el tambú, con percusión, canto, palmas y baile, forman parte del menú cultural de la isla y suman un cierre perfecto después de un día de playa.
Antes de cerrar, un consejo que me dejó Yolanda, mi guía: llevar protector solar, agua y algo de abrigo ligero para los tramos en UTV, porque el viento en la costa oeste pega fuerte. Y, si se puede, quedarse al menos cinco días para combinar Willemstad, una jornada de buggies y dos o tres playas distintas. Con eso, Curazao entra en la lista de lugares a los que uno quiere volver.
