Criar también es revisarse: cómo la infancia propia reaparece en la crianza de los hijos
El psicólogo Maxi McCoubrey explica qué marcas de la infancia son las más difíciles de dejar atrás, por qué criar en oposición tampoco alcanza y qué señales indican que la historia personal se cuela en la relación con los hijos.
En Buenos Aires, este martes, un especialista en trauma advirtió que las experiencias de la infancia tienden a reaparecer en la forma en que los adultos crían a sus hijos, a veces como repetición del patrón conocido y otras como reacción opuesta. El psicólogo Maxi McCoubrey sostuvo que nadie empieza a criar desde cero y que esas marcas condicionan el modo de hablar, poner límites y resolver conflictos dentro del hogar.
La frase la confirmó a este medio el propio McCoubrey al ser consultado sobre los mecanismos que llevan a reproducir, sin notarlo, situaciones que se padecieron de chico. Según explicó, lo que se repite no es un detalle menor: abarca desde la manera de expresar el afecto hasta las ideas que circulan en la casa sobre el éxito, el dinero y la autoridad.
Las marcas más difíciles de cambiar suelen ser las menos visibles
McCoubrey describió que las huellas más resistentes no siempre son las evidentes. Muchas están tan incorporadas que pasan años sin cuestionarse. Entre las más frecuentes, mencionó pérdidas silenciadas, violencias naturalizadas, vergüenzas heredadas y mandatos que se transmiten de una generación a la siguiente. El denominador común, agregó, es la rigidez: la dificultad para tolerar que un hijo sienta, piense o necesite algo distinto a lo esperado.
“Somos hijos de nuestra historia, de nuestro linaje, de nuestro lenguaje, de la época y del contexto cultural en el que nacimos.”Maxi McCoubrey, psicólogo especialista en trauma
Criar en oposición tampoco garantiza un cambio
El especialista aclaró que querer hacer todo lo contrario a lo que se vivió de chico no resuelve el problema. Esa estrategia, advirtió, puede tornar la crianza reactiva: en lugar de responder a las necesidades del hijo, se responde a una pelea pendiente con los propios padres. Como ejemplo, señaló que alguien criado con rigidez puede terminar considerando traumática cualquier frustración.
“Criar solo en oposición a la propia infancia puede volver la crianza reactiva: en vez de responder a las necesidades reales del hijo, se responde a una pelea pendiente con los propios padres.”Maxi McCoubrey, psicólogo especialista en trauma
Señales de que la historia propia se mete en la crianza
- Reacción desmedida frente a una situación cotidiana, como una bronca que desborda lo que el hecho justifica.
- Necesidad extrema de tener todo bajo control, incluso en detalles menores del día a día del hijo.
- Preocupación constante y desproporcionada por lo que pueda pasarle al niño en la escuela, con amigos o en actividades habituales.
- Dificultad para tolerar que el hijo sienta, pida o decida algo distinto a lo que el padre o la madre considera correcto.
McCoubrey aclaró que la clave no es buscar un punto medio matemático entre lo que se vivió y lo contrario, sino mirar al hijo concreto que se tiene enfrente. Un límite, dijo, puede ser profundamente amoroso si protege y ordena sin humillar; y una libertad, abandonante si deja al niño solo frente a algo que todavía no puede resolver. Cambiar el patrón tampoco implica no volver a equivocarse: el primer paso, según graficó, es poder detenerse, pedir una pausa y volver para decir que lo que se hizo no estuvo bien.
Qué se debe interrumpir
El psicólogo fue tajante al definir qué prácticas requieren un corte explícito. Lo que se debe interrumpir, enumeró, es aquello que maltrata, humilla, abusa, niega la individualidad o genera sufrimiento sostenido. A la inversa, hay formas de vincularse que no se heredan como trauma sino como aprendizaje y que, por eso, no necesitan revisarse con la misma urgencia. Distinguir unas de otras, concluyó, es el primer movimiento para criar de manera más consciente.
