Central se llevó la Supercopa entre penales, VAR caliente y un final que terminó a las piñas
El Canalla goleó 3-1 al Pincha en Santiago del Estero con un gol de Di María de penal, pero el partido se definió mucho antes de los aplausos: terminó con jugadores peleando en el túnel y los platenses ironizando al árbitro en la premiación.
Digan lo que digan los muchachos de Estudiantes (el Pincha), la final de la Supercopa Internacional se resume en una sola imagen: Ángel Di María (Fideo) cambiando por gol el penal que Darío Herrera sancionó después de mirar el VAR, en una jugada que nadie en La Plata va a olvidar nunca. Rosario Central se impuso 3-1 en el Madre de Ciudades y se quedó con un título que, por cómo se dieron las cosas, se va a recordar más por el escándalo que por el fútbol.
La jugada que encendió todo
El penal llegó después de un contacto de González Pirez sobre Enzo Copetti en la entrada del área. Herrera no vio nada, lo llamaron desde el VAR y señaló los doce pasos. Hasta ahí, puede ser. Lo que ya no cierra tan fácil es lo que pasó después: Estudiantes pidió una segunda amarilla para Elías Verón por una infracción contra Adolfo Gaich, el árbitro se la guardó en el bolsillo y, como si fuera poco, una mano de Ignacio Ovando dentro del área pasó como si nada. Jorge Almirón, rápido de reflejos, sacó a Verón antes de que lo mandaran a las duchas.
Ahí se rompió el partido. Y no hablo sólo del resultado, que también, porque Central lo liquidó con autoridad. Hablo del clima: insultos, cruces, jugadores de ambos planteles cara a cara y una gresca que arrancó en la cancha y terminó en el túnel camino a los vestuarios. Bonito cierre para una final.
Verón, Tapia y los aplausos que sonaron a insulto
Porque faltaba el capítulo protocolar. La entrega de trofeos fue un papelón con todas las letras. Cuando Claudio Tapia, presidente de la AFA, le entregó la medalla a Herrera y a sus asistentes, los jugadores de Estudiantes se juntaron y largaron una salva de aplausos irónicos que se escuchó hasta en la platea. Una manera fina, muy fina, de decirles lo que piensan.
Lo de Juan Sebastián Verón (la Bruja) fue de manual. Apenas Herrera cobró el penal, el presidente pincharrata se paró en su palco, se cruzó de brazos y arrancó a aplaudir con esa sonrisa que en el fútbol argentino vale más que un micrófono. Después del partido volvió a cruzarse con el árbitro y tuvieron que separarlo. Eso sí, antes de subir al micro reconoció la derrota y felicitó a Central. Criollo de ley: protestar todo lo que se pueda y al final, dar la mano.
La previa que se metió en la final
Este cruce tenía historia previa y se notó. En los play-offs del Clausura, cuando la AFA proclamó a Central campeón de la Tabla Anual a fines de noviembre de 2025, los jugadores de Estudiantes les dieron la espalda en el saludo y encima ganaron el partido con un gol de Cetré. Antes de esta final, Ovando había calificado ese gesto como una “falta de respeto”. Parece que en Avellaneda y en La Plata las facturas se pagan con intereses.
- Rosario Central venció 3-1 a Estudiantes y se consagró campeón de la Supercopa Internacional en Santiago del Estero.
- Ángel Di María anotó de penal, la pena máxima cobrada por Darío Herrera tras la intervención del VAR por una falta de González Pirez a Copetti.
- Estudiantes reclamó una segunda amarilla para Elías Verón (no sancionada) y una mano de Ignacio Ovando dentro del área.
- El partido terminó con una gresca entre jugadores de ambos equipos en el campo y en el túnel hacia los vestuarios.
- Juan Sebastián Verón fue separado por las fuerzas de seguridad tras reclamarle al árbitro luego del encuentro.
- En la premiación, los futbolistas de Estudiantes aplaudieron irónicamente cuando Claudio Tapia entregó las distinciones al árbitro y sus asistentes.
- Ovando había calificado el gesto de espaldas de Estudiantes en el Clausura como una “falta de respeto”, según la cobertura previa a la final.
¿Qué balance hago? Sencillo: Central ganó con justicia y se va a festejar como corresponde, porque un título es un título y no se le escapa nadie. Pero este partido dejó en claro que el VAR en el fútbol argentino todavía genera más confusión que certezas, y que cuando la cosa se descompone, se descompone de verdad. A los muchachos del Pincha les digo, sin ironía: a veces perder duele, pero se aprende más. Les va a servir para el próximo cruce, cuando les toque volver a cruzarse con el Canalla. Ahí adentro les cuento.
