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Cafeína, adolescentes y un descanso que se vuelve pesadilla: las advertencias que llegan de Yale

Especialistas de esa universidad explican que el consumo elevado puede arruinar el sueño, disparar el nerviosismo y arrastrar el cansancio al día siguiente. Revisan los productos donde se esconde, los horarios clave y los hábitos nocturnos que más pesan.

Por Ezequiel GarroVilla Mercedes y el interior · 22 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En más de una mesa familiar aparece la misma escena: un adolescente que no puede dormirse, que está irritable o que se levanta con la sensación de no haber descansado. Antes de atribuirlo al carácter o a las pantallas, conviene mirar la taza, la lata o el sobre que tiene al lado. Esa es, en esencia, la advertencia que volvieron a poner sobre la mesa especialistas de la Universidad de Yale.

La neumonóloga y experta en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, sostuvo que un exceso de cafeína puede provocar dificultades para dormir, temblores, palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad. Esas señales, sumadas a una caída en el rendimiento escolar, funcionan como una primera pista para revisar cuánto se está ingiriendo.

La cafeína se esconde donde menos se espera

Contar las tazas de café no alcanza para dimensionar el problema. La cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas de cola, chocolate, chicles y los cada vez más populares sobres saborizados. Estos últimos, según la profesora asociada de Psiquiatría Grace Kong, pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad. Kong explicó que los arômes dulces y frutales tapan el amargor y vuelven más fácil que los jóvenes se enganchen con ellos sin dimensionar lo que están tomando.

En el consumo adolescente hay, además, un segundo frente que suele pasar desapercibido: el horario. Agrawal explicó que la cafeína empieza a hacer efecto entre 30 y 45 minutos después de ingerirla y que, entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de lo que se tomó. De ahí su consejo práctico: evitar la cafeína después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso.

Un cóctel con el reloj biológico de la juventud

A ese efecto se le suma un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se corre hacia horarios más tardíos y les cuesta más levantarse temprano. Cuando el cansancio se acumula, la respuesta más inmediata suele ser otro estimulante. El alivio momentáneo vuelve a empujar el sueño hacia más tarde y al día siguiente se arrastra un agotamiento todavía mayor, en un círculo que se retroalimenta.

La investigadora Jennifer Jiyun Park, del Departamento de Psiquiatría de Yale, fue más directa: recomendó evitar la cafeína antes de los 18 años y sacó de la alimentación de niños y adolescentes a las bebidas energéticas. Agrawal coincidió y recordó que los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades mucho menores que las que tolera un adulto.

La noche: pantallas, videojuegos y el peso de las rutinas

Park sumó un dato que suelen pasar por alto las familias: durante sesiones largas de videojuegos, la cafeína se mezcla con el deseo genuino de mantenerse en juego y con la presión del grupo de amigos que también toma algo para seguir conectado. En ese marco, lo que empieza como una elección individual termina convertido en una costumbre compartida.

El cuadro que describen las especialistas de Yale tiene una lectura simple para cualquier familia: si el descanso de un adolescente se deteriora, si aparecen temblores, palpitaciones o ansiedad, o si el rendimiento escolar cae sin una explicación clara, la conversación sobre lo que bebe y a qué hora puede ser un buen punto de partida. No hace falta prohibir de entrada: alcanza con revisar etiquetas, horarios y rutinas nocturnas para empezar a ordenar un problema que, mientras pasa inadvertido, sigue cobrándole horas de sueño y de concentración.

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Ezequiel GarroVilla Mercedes y el interior

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