Cabalgatas con alma en Caviahue: la familia que volvió a La Vega y abrió las tranqueras al turismo
En la entrada del pueblo, los Garrafa ofrecen una experiencia que empieza antes de subir al caballo: alimentarlo, cepillarlo y aprender a mirarlo de otra forma. La propuesta fue habilitada por la Provincia y se completa con merienda casera y la postal del Copahue.
Todavía no sale el sol sobre Caviahue y en el paraje La Vega ya hay movimiento. Un grupo de caballos pace tranquilo cerca del alambrado mientras la familia Garrafa revisa agua, ración y estado general de cada animal. El aroma a pasto húmedo, el vapor que dibuja el frío y la silueta del volcán Copahue al fondo arman un escenario que parece pintado para una postal, pero también es el primer capítulo de una propuesta turística que lleva menos de un año funcionando y que ya empieza a hacerse un lugar entre quienes llegan al sur neuquino buscando algo más que nieve y trekking.
La Vega está en la entrada de Caviahue, sobre la ruta que bordea el lago y conduce hacia el área termal del Copahue. Es un tramo corto desde el centro del pueblo, apenas unos minutos en auto, con el asfalto todavía en buen estado y el paisaje que va cambiando de verdes intensos a lengas yires rojos según la época del año.
Un oficio de la familia que vuelve al galope
El emprendimiento lleva el nombre del paraje y pertenece a la familia Garrafa desde hace décadas. El abuelo organizaba cabalgatas allí cuando sus hijos eran chicos, hasta que dejó la actividad por un tiempo. La vuelta la empujó él mismo, cuando vio que sus nietos habían generado un vínculo propio con los caballos y con la vida en el campo. Durante los primeros seis o siete años no hubo intención turística. Volvieron a La Vega para que los chicos pudieran crecer cerca de los animales. Recién hace poco más de un año la experiencia se abrió al público.
Para formalizar el ofrecimiento, la familia hizo los trámites ante el ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de la Provincia del Neuquén, que habilitó a La Vega como prestador oficial. Esa firma del expediente, explican, les dio la tranquilidad de poder trabajar con responsabilidad tanto con los visitantes como con los propios caballos.
Antes de montar: el caballo como un otro
Lo que diferencia a esta propuesta de una cabalgata clásica se ve en los primeros veinte minutos. Antes de subir, los visitantes se acercan al caballo, lo alimentan, lo cepillan y escuchan algunas nociones básicas sobre su comportamiento. No se trata de un tutorial solemne: es un contacto guiado, pensado para que grandes y chicos entiendan que el animal no es un medio de transporte con patas.
“No queremos que el caballo sea visto solamente como un medio para recorrer un sendero. Queremos enseñar a conocerlo, respetarlo y entenderlo.”María René Garrafa, responsable del emprendimiento
Después sí: la recorrida sale al sendero entre volcanes, montañas, cascadas y tramos de bosque. El clima en Caviahue puede dar vuelta en pocas horas, así que parte del programa incluye vivir esa montaña siempre cambiante. La actividad cierra con una merienda casera, con tortas, panificados y algo caliente, para que el día no termine cuando se baja del caballo.
Cuánto cuesta y cómo llegar
La recomendación de un lugareño
Antes de preguntar precios o reservar, me crucé a la vereda de enfrente y le pregunté a Don Bernardo, vecino del paraje, qué le parece el regreso de las cabalgatas a La Vega. Me dijo, mientras acomodaba un fardo, que en el pueblo la propuesta cayó bien porque el abuelo Garrafa era “de los que conocía a cada animal por el nombre”. “Si ellos vuelven a poner los caballos en movimiento, es porque van en serio”, me dijo, mirando hacia la tranquera abierta. Y me insistió con una frase que me parece justo repetir: “Vayan, escuchen a María René antes de subir al caballo, y después no se van a querer bajar”. Es, probablemente, la mejor síntesis de lo que ofrece La Vega: una cabalgata que empieza por el vínculo.
