Saltar al contenido
Sábado, 10 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Turismo ›
Turismo /

Budines sin manteca: seis versiones para que la miga quede húmeda y el antojo no se frene

Aceite neutro, frutas, yogur o algarroba: un recorrido por preparaciones caseras que reemplazan la manteca sin resignar sabor ni textura, con los secretos para que la miga salga esponjosa.

Por Florencia ZabalaTurismo serrano · · hace 1 h
Budines sin manteca: seis versiones para que la miga quede húmeda y el antojo no se frene

Me llega el aroma antes de abrir la puerta: un budín recién salido del horno es una de esas cosas que le cambian el aire a cualquier casa de la sierra. Pero no siempre hay manteca en la heladera, y a veces el cuerpo pide algo más liviano. Por eso me puse a probar estas seis versiones sin manteca que circulan en las cocinas de los valles y que, créanme, dejan la miga tan húmeda como la del tradicional.

Por qué el aceite cambia todo

El truco está en el aceite vegetal, de girasol o maíz, que no necesita estar a temperatura ambiente ni derretirse: se vuelca y listo. Eso simplifica la tarea y, además, mantiene la humedad de la miga incluso después de que el budín se enfría, cuando muchas veces aparece esa textura seca que arruina el corte. Un aceite de oliva suave también puede colarse en algunas preparaciones sin alterar el sabor.

Los dos cuidados que separan un budín seco de uno esponjoso

  • No sobrebatir la mezcla una vez que se suma la harina: apenas integrada, se corta el batido.
  • Respetar la temperatura del horno y el tiempo de cocción: fuego demasiado alto o unos minutos de más secan el interior. La prueba del palillo en el centro sigue siendo la más confiable: si sale limpio, está listo.

Seis versiones para animarse esta semana

El marmolado alterna capas de vainilla y chocolate sin mezclarlas demasiado para que el dibujo quede definido; algunas llevan queso crema para sumar humedad. La banana madura aporta dulzura natural y cuerpo compacto, una de las más rendidoras. La naranja y la mandarina se usan con jugo y ralladura para potenciar el aroma, y la mandarina tiene su propia vuelta práctica: se procesa entera, con cáscara y sin semillas, directo en la licuadora con el resto de los ingredientes.

Para los que buscan algo más liviano, la versión con yogur y limón prescinde del azúcar y se endulza con edulcorante apto para cocinar; el yogur cumple la función de dar humedad y la ralladura de limón aporta frescura. Y para quienes quieran salirse de lo clásico, la harina de algarroba combinada con banana madura da un budín de sabor levemente acaramelado, que se puede terminar con miel o edulcorante según el gusto. Queda bárbaro para la merienda, con un mate cocido bien caliente o un café de filtro.

En todos los casos los ingredientes se consiguen en cualquier despensa y la mayoría de las mezclas se resuelven en licuadora o con batidora manual, sin equipamiento especial. Las porciones suelen rendir entre ocho y diez rodajas, y el costo aproximado por budín se mueve entre los dos mil y los tres mil quinientos pesos, dependiendo de si se usan frutas de estación o harina de algarroba, que suele ser un poco más cara. Para conseguirlos no hace falta más que la dietética del pueblo o el supermercado de la esquina; en las zonas serranas, las cooperativas regionales suelen tener harina de algarroba y dulces a buen precio.

“Yo siempre le digo a mi nuera que el secreto no es la receta, sino no abrir el horno antes de tiempo. Cuando sale el palillo limpio, recién ahí lo sacás. Si te apurás, te queda un ladrillo.”Nélida Castro, cocinera de Villa Las Rosas
FZ
Florencia ZabalaTurismo serrano

Te puede interesar