Bratenahl le dice basta a Swift y Kelce: cuando ser famoso no alcanza para remodelar tranquilo
Vecinos de toda la vida frena los planes de la pareja más poderosa del espectáculo y el deporte en su mansión de cinco millones sobre el lago. Caos de raíces, ciervos asustados y un abogado de por medio.
Lo que más me gustó de la cobertura, y se los cuento porque me parece relevante, es que el responsable del proyecto, Jacob Kutz, de la empresa Tiny Construction, salió a plantear y tuvo el gesto, hay que reconocerlo, de explicar que la pareja buscaba privacidad y seguridad y que, motu proprio, mandaron a limpiar a presión la tubería de alcantarillado, sin pedir ayuda, como una manera de mostrar buena voluntad hacia la comunidad. Es un detalle chiquito, casi invisible en el ruido mediático que generan Swift y Kelce, pero a mí me parece que dice mucho de cómo se están manejando los dos frente a un vecindario que claramente no les va a regalar nada.
En la última reunión, la junta aprobó el paisajismo del frente de la propiedad, mientras que para una próxima sesión queda pendiente un tercer plan que la pareja presentará para seguir con las reformas. Lo concreto hasta acá es que la mansión de Ohio, valuada en cinco millones, no es más que una compuerta más dentro del catálogo inmobiliario de la pareja, que también tiene propiedades en Kansas, Nueva York, Tennessee, Rhode Island y California, y que además acaba de instalar un sistema de alerta que les avisa cuando alguien se acerca demasiado al inmueble.
Ahora bien, dejando de lado los millones y los reflectores, la pregunta de fondo que me queda dando vueltas, y que creo que también les va a quedar a ustedes, es hasta qué punto las exigencias de seguridad de una figura pública deberían pesar más que los intereses y los miedos perfectamente razonables de quienes llevan toda la vida viviendo ahí. La respuesta no es fácil ni blanca, y la prueba la tenemos en que la propia junta aprobó el proyecto de paisajismo frontal mientras la discusión con los vecinos continúa, con la cañería y los árboles como ejes centrales. Convivencia es eso: ceder un poco todos, sin perder de vista que el agua y las raíces, a diferencia de los fans y los flashes, tratan de aislarse con bastante trabajo de proceso, no con una firma en un contrato.
“Acá vivimos hace treinta años, y cuando se mueve una raíz, se mueve todo.”Marta, vecina de Bratenahl, en diálogo con este medio
