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Martes, 13 de octubre de 2026
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"Boiúna": cuando una serpiente gigante decide no hacerte guiños a la cara

La película brasileña de terror selvático se anima a tomarse en serio a sí misma y, justamente por eso, funciona mejor de lo esperado. Crítica sin spoilers de un estreno que se aleja del camp y construye tensión con paciencia.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · · hace 1 h
"Boiúna": cuando una serpiente gigante decide no hacerte guiños a la cara

Yo estaba sentado al lado de una señora que se acomodó en la butaca con una bolsa de pochoclos tamaño familiar y cara de quien espera pasar un rato divertido, de esos en los que uno se ríe con los personajes porque todos parecen saber que están dentro de una película de monstruos gigantes. A los veinte minutos ya había dejado la bolsa sin abrir sobre el regazo. A los cuarenta, tenía las dos manos aferradas a los apoyabrazos. Y eso, para mí, fue la mejor recomendación posible de "Boiúna: La leyenda del Amazonas", la película brasileña que esta semana se suma a la cartelera argentina en plena temporada de Halloween.

Porque la gran apuesta de este filme es, justamente, la decisión de romper el pacto tácito que suelen tener las películas de serpientes gigantes: el del guiño permanente a cámara, el de los personajes que parecen estar al tanto del ridículo y el de los diálogos que avisan, cada dos por tres, que nadie se lo está tomando en serio. Acá no pasa nada de eso. La película entra a la selva con cara de póquer, los personajes actúan como si sus vidas dependieran de cada decisión que toman y la criatura, la Boiúna de la mitología amazónica, aparece cuando tiene que aparecer, ni antes ni después.

Una paciencia que rinde frutos

El arranque es deliberadamente lento. Antes de que cualquiera pise la jungla, la película se ocupa de presentar la leyenda de la Boiúna, de sentar a los protagonistas con sus conflictos y sus razones para estar ahí, y de dejar que uno, como espectador, se acomode en el universo sin apuro. A mí, acostumbrado a los openings que tiran la primera muerte en el minuto tres, esa primera media hora me resultó casi insólita: había diálogos que duraban más de tres frases, había silencios, había planos del río que parecían no conducir a ningún lado. Pero después, cuando la acción empieza, se entiende para qué sirvió esa pausa.

Las escenas de acecho son de las mejores que vi en el subgénero en mucho tiempo. La serpiente no comparte cartel con nada fantasioso: la amenaza también son los cocodrilos, las arenas movedizas, la malaria y un entorno que, como dice uno de los personajes, no perdona a nadie. Eso le da a las persecuciones una sensación física, sucia, de que cada paso puede ser el último. La tensión no se fabrica con jump scares gratuitos sino con cortes calculados, con planos de la vegetación que sugieren movimiento y con un soundtrack que se ahorra el subrayado permanente.

Lo que la película hace bien y lo que no

La dirección no es perfecta y sería deshonesto decir lo contrario. Hay planos que delatan el bajo presupuesto, hay momentos en los que el CGI de la serpiente pide un poquito de suspensión de incredulidad y los conflictos entre los personajes son funcionales pero no memorables: uno entiende por qué discuten, pero probablemente no recuerde el nombre del que discutía con quién. Lo que sí funciona es la coherencia del tono: nadie se sale del registro, nadie actúa como si estuviera en una sitcom, y las muertes cumplen su función sin aspirar a la posteridad de un George Romero ni nada por el estilo.

  • Decisión de tono: tomarse en serio el género sin ironía, algo poco habitual en películas de criaturas gigantes.
  • Uso de la criatura en dosis medidas: aparece en los momentos justos y eso disimula las limitaciones de producción y sostiene el misterio.
  • Construcción de personajes previa a la acción: motivations creíbles que pagan cuando empieza el peligro.
  • Tensión basada en lo físico y en el entorno: la selva como amenaza adicional, no como decorado.
  • Limitaciones asumidas: bajo presupuesto visible pero honrado dentro de las coordenadas de la serie B.

La moraleja es previsible, la estructura no innova demasiado y el final se huele de lejos. Pero yo, que fui a la sala esperando una más de esas películas de monstruos con las que uno se distrae un rato y se olvida al salir, terminé reconociendo que la ejecución le ganó al material en papel. Es una película de serie B que cumple lo que promete y, en algunos tramos, supera lo que prometía. Para una noche de Halloween sin demasiadas pretensiones, es un hallazgo.

La pregunta que me llevo

¿Le suma o le resta a una película de terror tomarse en serio a sí misma? Después de ver "Boiúna", me inclino por lo primero. Pero me quedo con una frase que escuché a la salida, de un señor que se cruzó conmigo mientras buscábamos la salida del complejo: "hacía rato que una serpiente gigante no me hacía agarrar la butaca del acompañante". Y, viéndome la cara de póquer que tenía, agregó: "pero no le digas a nadie que vine a ver esto solo".

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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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