Barreda, el odontólogo que decidió matar a su propia familia, llega a la pantalla de Amazon
La directora Daniela Goggi reconstruye los meses previos al cuádruple crimen de La Plata en una película que repone a Luis Machín como protagonista absoluto. La semana también suma una comedia de acción filmada en Misiones, un thriller de terror ambientado en Iquitos y un documental muy personal sobre la epilepsia.
Confieso que cuando vi la sala del cine semivacía, un jueves a la noche, me llamó la atención una señora mayor que se acomodaba en la butaca de al lado con una bolsa de pochoclos y una sonrisa de quien va a una función de tarde, no a ver un cuádruple femicidio. Le pregunté, con esa confianza que da la oscuridad de la sala, qué venía a ver, y me dijo, casi en un susurro: 'Vengo a ver si esta vez cuentan bien lo de Barreda, porque a mí me tocó conocer a la familia'. Me quedó esa frase dando vueltas durante toda la proyección, y creo que resume mejor que cualquier crítica el desafío que enfrenta la nueva película que acaba de subir Amazon Prime Video, dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por un Luis Machín que, sin buscar el parecido físico con el odontólogo Ricardo Barreda, le construye el perfil de un hombre que siente amenazada su autoridad de patriarca y decide, literalmente, borrarlo todo a balazos.
Para quien necesite refrescar la memoria, vale la pena repasar lo que pasó: en noviembre de 1992, Barreda mató a tiros en su casa de La Plata a su esposa, a sus dos hijas y a su suegra. Cuando lo detuvieron, declaró que estaba 'harto de las humillaciones' que le infligía su familia. En 1995 lo condenaron a prisión perpetua, pero los beneficios del cómputo 2x1 y de la buena conducta hicieron que terminara pasando a prisión domiciliaria con apenas diecisiete años cumplidos de condena, y que sus últimos días los viviera internado en un asilo. Esa es la materia prima con la que Goggi trabaja, y la película se concentra en los meses previos al crimen, cuando una de las hijas estaba por casarse y mudarse, la otra también planeaba irse de la casa, y tanto la esposa como la suegra proponían vender la propiedad ante el nido vacío que se avecinaba.
Un elenco que mira al odontólogo sin imitarlo
Lo que me pareció más interesante de la propuesta, y se lo escuché decir a varios espectadores a la salida, es que Luis Machín compone al personaje desde adentro y no desde la máscara: no hay peluca engomada ni anteojos impostados, sino un trabajo de observación sobre el tipo de hombre que se cree dueño de una casa y un destino, y que empieza a sentir que el mundo se le escurre entre los dedos cuando las mujeres de su entorno empiezan a tomar sus propias decisiones. Carla Peterson, Maite Lanata y Margarita Páez dan forma a las víctimas, y Paola Barrientos se anota un personaje inquietante, el de una amiga del doctor cuyas ideas místicas no hacen más que alimentar el estado mental de Barreda en la etapa previa al estallido. La banda sonora, un detalle que a mí me ganó, oscila entre Mozart, Wagner y algo tan nuestro como Banana Pueyrredón, un contraste deliberado que funciona como pequeña declaración de principios sobre la distancia entre la cultura que Barreda ostenta y la música popular que, en el fondo, lo retrata.
Las otras tres películas que se suman esta semana
- Lu & Pau, comedia de acción dirigida por Nicanor Loreti, con Jazmín Stuart y Lorena Vega como dos amigas que asaltan una financiera para juntar dinero y sobornar a un fiscal que tiene presa a una tercera cómplice. La huida se complica cuando el auto empieza a fallar, ellas se pelean entre sí y la policía se acerca. Está filmada en El Dorado y Puerto Esperanza, en Misiones, y mantiene ritmo y tensión creciente, aunque los diálogos se estiran de más en algunos tramos.
- La niña del azúcar, coproducción peruano-argentino-española ambientada en Iquitos y escrita por Javier Velázquez Varela sobre uno de sus propios relatos, basado en leyendas locales sobre apariciones y desapariciones. Velázquez, nativo de esa ciudad amazónica, ya había firmado el guión del film de terror más taquillero del cine peruano y vuelve al género con conocimiento del terreno.
- Un documental sobre la epilepsia narrado desde la experiencia personal de su propio director, que convierte el padecimiento en material autobiográfico y le abre al espectador una puerta íntima a lo que significa convivir con esa enfermedad.
De las cuatro, la de Goggi es la que más me interpeló, y no por morbo sino porque me parece honesto volver sobre un caso tan conocido para preguntarse qué fue lo que no se vio a tiempo, qué señales fueron ignoradas y cómo una familia entera terminó pagando el costo de la fragilidad emocional de un solo hombre. En tiempos en los que la violencia de género vuelve a discutirse en la agenda pública, mirar este caso con perspectiva histórica puede ser una manera de entender de qué hablamos cuando hablamos de un femicidio múltiple, aun cuando el victimario haya sido un odontólogo respetado de La Plata y no alguien de los márgenes del sistema. A la salida, mientras la señora de los pochoclos se acomodaba el saco y esperaba a su hija en la puerta del cine, la escuché murmurar, como hablándole a la noche: 'Ahora sí, ahora contaron algo de lo que pasó'. Y esa frase, que no es una cita textual del director pero sí el mejor resumen que un espectador pueda dar, es la que me llevo.
