Miércoles, 23 de septiembre de 2026
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Amigas en mundos que se cruzan: «La isla olvidada» y la aventura filipina de DreamWorks

Raissa y Jo atraviesan universos fantásticos, cargan con recuerdos compartidos y se prueban frente a una villana en una película que mira a la adolescencia de frente.

Por Rosario EscuderoCultura y espectáculos · 23 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Antes de hablar de DreamWorks y de los mundos fantásticos que arma «La isla olvidada», me quedo con la imagen de mi vecina Lourdes, que el otro día le contaba a su hija por teléfono que de adolescente se mudó de barrio y perdió el contacto con su mejor amiga. «Fueron dos años sin hablarnos», le decía, mientras acomodaba la mochila del colegio. Esa frase me volvió a la cabeza cuando vi la película: la historia arranca justamente ahí, en el momento en que dos amigas de toda la vida descubren que la separación no es una hipótesis lejana sino algo que les toca vivir, y que todo lo que compartieron se vuelve un mapa para entender qué hacer con lo que viene.

La película, dirigida por Joel Crawford y Januel Mercado, pone a Raissa y Jo en el centro de una aventura que se mueve entre la comedia y el drama, con el sello visual de DreamWorks y un escenario poco habitual para una producción de ese tamaño: Filipinas. Las costumbres del lugar, su identidad y sus colores se cuelan en el relato y le dan un tono propio, distinto al de las historias de animación que suelen transcurrir en parajes más genéricos. Es uno de los puntos que más me interesaron, porque no funciona como un decorado: el país está contado desde adentro, con sus rituales, su imaginario popular y esa mezcla de lo cotidiano y lo espiritual que atraviesa a la cultura local.

Una amistad como motor de la historia

El vínculo entre las dos protagonistas es el verdadero corazón del film, y eso se nota desde el arranque. Raissa y Jo son adolescentes obligadas a separarse, y lo que les pasa no se resuelve con una solución rápida: la película se toma su tiempo para mostrar cómo duelen las despedidas, cómo los recuerdos pesan y cómo, aun en medio de situaciones disparatadas, el duelo por un cambio aparece una y otra vez. Ese tono humano convive con escenas de acción, con persecuciones y con una villana que las persigue a lo largo de distintos mundos, así que el relato nunca se queda quieto: va y viene entre la emoción íntima y el ritmo de aventura.

A medida que avanzan por esos universos, las protagonistas van sumando personajes a su alrededor. Lo que más me gustó es que no se trata de acompañamientos decorativos: cada uno deja su huella, y el grupo que se arma va construyendo sus propios lazos, como pasa siempre que uno convive con gente distinta en un viaje. Los personajes tienen sus contradicciones, sus momentos flojos y sus escenas más luminosas, y la película no los aplana como héroes o villanos: los deja ser un poco de todo, que es lo que uno espera cuando se mira una historia sobre pibes y pibas en formación.

Adolescencia, fantasía y algo más

Por el modo en que está contada, «La isla olvidada» se aleja de las películas animadas que eligen un conflicto externo y lo resuelven con un duelo final. Acá la fantasía sirve de marco para explorar temas que cualquier adulto de entre 40 y 60 años reconoce en su propia juventud: la amistad que se prueba cuando los caminos se separan, las diferencias que antes parecían simpáticas y de golpe se vuelven un problema, y eso que queda en los recuerdos cuando algo cambia. Es una película que les puede gustar a los chicos por la aventura y a los grandes por lo que dice debajo de la aventura, que es lo más difícil de conseguir en una producción de este tipo.

Para quienes quieran quedarse en este universo después de verla, hay varias películas animadas sobre la amistad que vale la pena tener a mano: «Toy Story» y sus secuelas, donde los vínculos entre juguetes sostienen toda la saga; «Mi vecino Totoro», esa joya de Studio Ghibli que cuenta cómo la imaginación y la compañía de alguien distinto te cambian la mirada; «Inside Out», que puso en imágenes lo que se siente cuando un recuerdo pesa más que otros; «Coco», que recorre el lazo entre un chico y su familia del lado de allá; y «Klaus», una historia sobre cómo la amistad se construye incluso entre personas que no se caen bien al principio. Cada una, a su manera, se hace eco de algo de lo que «La isla olvidada» pone en primer plano: que los vínculos se trabajan, no aparecen dados.

“La chica nos dijo al salir, mientras acomodaba las entradas en la cartera: «Me hizo acordar a cuando me fui del barrio y pensé que se terminaba todo, pero después volvió, distinto».”Espectadora en la sala
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Rosario EscuderoCultura y espectáculos

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